
Bogotá — 2 de noviembre de 2026 Colombia despide a una de las figuras más determinantes de su transición democrática contemporánea. A los 78 años de edad, falleció Antonio Navarro Wolff, exsenador, exgobernador, exministro y uno de los tres copresidentes que lideraron la histórica Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Con su partida, el país despide al último de los timoneles que condujo aquel trascendental pacto político nacional.
Del fusil a la institucionalidad: Un legado gigantesco
La vida de Navarro Wolff estuvo marcada por un profundo proceso de transformación personal y política. Tras doctorarse como ingeniero sanitario y dar el paso hacia la lucha armada en las filas de la guerrilla del M-19 —donde llegó a ocupar las más altas instancias de mando—, lideró con entereza a finales de los años 80 una de las apuestas de paz más exitosas de la historia latinoamericana: dejar las armas para reinsertarse en la legalidad y competir pacíficamente por el poder.
Superando duros episodios de violencia, como el atentado con granada que en 1985 le costó una pierna y alteró su voz, Navarro se convirtió en el rostro de la esperanza democrática tras el asesinato de Carlos Pizarro. Su liderazgo al frente de la Alianza Democrática M-19 lo catapultó a la copresidencia de la Constituyente de 1991, convirtiéndose en artífice fundamental de la Carta Política que consagró los derechos fundamentales, pluralistas y de participación ciudadana que rigen hoy al país.
Aquellas palabras que moldearon el pacto nacional: Su discurso de 1991
Al instalar y guiar aquella histórica asamblea, el legado de Navarro quedó grabado en la memoria colectiva a través de su prédica constante por la tolerancia, el diálogo con los contradictores y la convicción de que las leyes debían sustituir a la violencia. En sus intervenciones de 1991, resonaba con fuerza su visión de una Colombia plural:
«Hemos cambiado las armas por las ideas. (…) Esta Constitución no es la victoria de unos sobre otros; es el triunfo de la nación entera sobre la barbarie, el acuerdo fundamental para convivir en medio de nuestras diferencias.»
Ese talante dialogante le permitió trascender las trincheras ideológicas a lo largo de décadas, desempeñándose con éxito como ministro de Salud, alcalde de Pasto, gobernador de Nariño y un incansable congresista respetado por amigos y opositores por igual.
Un vacío inmenso en la política nacional
Tras confirmarse su fallecimiento en la tarde del domingo 1 de noviembre, múltiples voces del espectro político nacional han expresado su pesar y admiración. Su familia ha anunciado que su despedida se llevará a cabo en la intimidad, honrando la memoria de un hombre que le enseñó a Colombia que la paz es el resultado supremo de la palabra y los acuerdos.
